Ya ha pasado el Día de la Madre. Mi primer día de la Madre!!
Llevo tiempo pensando en escribir esta entrada, el día que me convertí en mamá, y Carol de http://nuestrapequenacria.blogspot.com/ me animó.
Así que aquí va, creo que escribiendo estas líneas sacaré los demonios de mi cuerpo. Con esto intentaré mentalmente hacerme ver que no pudo ser de otra manera, no fue como yo esperaba. Así que aquí va una sesión de terapia virtual.
22 de Julio de 2010
Corría la semana 38 de mi embarazo (38+5 para ser exactas), íbamos a la revisión con la gine. Digo íbamos porque éramos tres, el papá de Minino, la barrigota y yo. Bueno, seguía dilatada de 1 cm, como en la revisión anterior. Hasta aquí todo bien.
En las clases preparto hablaron de cómo saber que estábamos de parto. Una de las posibilidades más remota, era que la bolsa amniótica tuviera una fisura, por lo que el líquido gotearía poco a poco. Me horrorizaba el hecho de no saber que Minino estaba de camino. Le comenté a la gine que llevaba unos días con pérdidas de orina (mis peores temores se hicieron realidad). Ella hizo una prueba y mirándome a los ojos (jamás olvidaré esa mirada) me dijo que tenía que subir de urgencia al hospital, que Minino tenía que nacer ese mismo día. Con la cara desencajada, le miré al Papá de Minino y le dije muy nerviosa "llama al curro y diles que hoy no vas". Su cara lo decía todo, él estaba desubicado.
La gine me hizo el papel mientras yo me vestía. PdM llamaba al trabajo para decir que iba a ser papá. Salí de la consulta con las piernas temblando, el corazón me iba a 100mil. No recuerdo ni cómo salimos del ambulatorio, agarrada del brazo de PdM, me miraba las zapatillas, quería que fueran más rápido.
No estaba preparada, mi cuerpo no me había dado señales de que estuviera listo y Minino tampoco parecía estarlo. Me daba miedo no saber hacerlo, no saber parir. Después mis miedos fueron por otro lado.
Hicimos las llamadas a la familia, y nos metimos en el coche para ir a casa a coger la bolsa con todo lo necesario para ir al hospital. Ahí es donde salieron todos mis miedos y ansiedades, en forma de lágrimas, un torrente que no pude parar hasta llegar al hospital. PdM mientras conducía, hizo lo imposible para conseguir calmarme, aunque no pudo. Tenía miedo de que mi niño pudiera haber sufrido por no haberme dado cuenta antes, no haberlo consultado con nadie. Me sentía culpable. Y lo único que supe hacer en ese momento fue llorar, como no había llorado nunca.
El camino hasta llegar a urgencias del materno se me hizo interminable. Llovía a mares, la carretera estaba horrorosa, pero PdM mantuvo la calma (no sé de donde la sacó) a pesar de mi llanto y de la situación. Una vez que llegamos al parking del hospital, me calmé. Recuerdo ir del brazo de PdM, con las zapatillas empapadas, escuchando que todo iba a salir bien, que Minino estaría bien.
Le he dado las gracias, pero nunca está de más. Cuore, gracias por mantener la compostura por los tres en un momento tan difícil.
Hola Nereites, me alegra que finalmente estés contándonos esta experiencia. ¡¡Ánimo para las siguientes entregas!!
ResponderEliminarEstaré leyéndote.
Un besazo!
Pues vaya experiencia!. Por suerte sabemos que acabó super bien! te seguiremos leyendo ;) un abrazo.
ResponderEliminarGracias por seguirme. La siguientes entregas están en el horno...
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